Cuando se produce un divorcio, ya sea de mutuo acuerdo o contencioso, y existen hijos menores de edad, se regula tanto la custodia de éstos como el régimen de visitas para el progenitor a quien no se le ha otorgado la guarda y custodia de los menores.

Las visitas entre los hijos y el progenitor, es un derecho que les asiste a ambos, es recíproco, de tal forma que el progenitor podrá ejercer la patria potestad y todo lo inherente a su figura como padre o madre, y además se garantiza que no se pierda el vínculo afectivo entre ambos, y un correcto desarrollo de la relación entre ambos, en esta nueva situación familiar.

Resulta fácil cuando los hijos menores son pequeños, hacer que se cumpla el régimen de visitas. Sin embargo, en cuanto llegan a una edad ya de por sí complicada, habitualmente entre los 12 y los 17 años, resulta que son ellos los que no quieren irse con uno u otro progenitor.

En esa franja de edad, aunque no todos los casos son iguales, el menor va adquiriendo un grado de madurez que hace que no se le pueda imponer el cumplimiento de tales regímenes en contra de su voluntad, siendo ésta determinante y desde luego teniendo que ser escuchada en el procedimiento correspondiente: modificación de medidas e incluso, si se dan otras circunstancias, expediente de jurisdicción voluntaria.

Es habitual que hasta los 16 años, se indague más a fondo sobre la madurez del menor, para evitar que se prive al progenitor de las visitas por mero capricho de éste. Sin embargo, a partir de los 16 años, se presupone cierta madurez y la mayoría de los jueces aceptan la voluntad del menor permitiendo que no cumpla con las visitas o incluso suspendiendo el régimen establecido, adoptando un régimen flexible y que proponga el menor. No olvidemos que a la edad de 16 años, nuestro ordenamiento jurídico empieza a reconocer ciertos derechos, precisamente porque se presupone cierta evolución y madurez y por tanto, mas capacidad en la toma de decisiones.

Entonces, ¿Hasta qué punto se puede forzar al menor a que cumpla con las visitas? A falta de acuerdo entre los progenitores y el hijo menor, que sería el escenario perfecto, serán los tribunales quienes decidan si es conveniente modificar las visitas para facilitar esa transición de la adolescencia a la edad adulta, o si por el contrario, por encontrarse en una edad más cercana a la mayoría de edad, no se puede ya forzar al cumplimiento de las visitas.

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